Obama proyecta sus valores en contraste a Trump
El expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, está a punto de inaugurar su biblioteca presidencial, un proyecto arquitectónico y social en la ciudad de Chicago que está llamado a ser más que un simple centro presidencial –como suelen tener los exmandatarios que salen de la Casa Blanca para preservar y promover su legado–. El Obama Presidential Center va más allá de un simple museo — tiene dimensiones históricas, culturales, políticas, urbanas y simbólicas.
Barack Obama fue el primer presidente afroamericano de la historia de Estados Unidos; su figura trascendió al país tal vez como pocos mandatarios antes, al menos en la historia reciente; y su meteórico ascenso fue símbolo de un cambio generacional y racial en la política estadounidense. El centro pone precisamente ante los ojos de sus visitantes esa importancia histórica de Obama.
Estos proyectos presidenciales suelen ser el destino de documentos que marcaron parte de los años en los que sus presidentes ejercieron el poder. Eso permite no solo que los consulten ciudadanos curiosos sino también de historiadores o periodistas. Si bien todos sus documentos disponibles han sido adecuadamente revisados para ser públicos, eso no significa que se conozcan. El de Obama será la primera biblioteca presidencial completamente digital.
Pero, como decía antes, Obama no quiso simplemente un centro de documentos. El Obama Presidential Center va más allá de un simple archivo. Es un centro comunitario, un espacio cultural, un campus cívico y un motor de activismo y liderazgo juvenil. Así lo concibieron el exmandatario y su esposa, y eso lo distingue de los otros centros presidenciales del país.
Si bien se está convirtiendo ya en un atractivo turístico y cultural más para la ciudad de los vientos, el centro tiene también una enorme importancia simbólica local: está construido en una zona históricamente de población afroamericana y busca descentralizar instituciones culturales más allá del centro tradicional. El proyecto ha costado más de 700 millones de euros y su atractivo está revitalizando la zona, tanto que sus críticos creen que acabará desplazando a los locales porque subirá el coste de vida (alquileres, especulación y, al final, la pérdida del carácter comunitario del área).
Pero el valor más relevante del centro –y no sé si es coincidente o casual– es el mensaje político que proyecta en el contexto actual de Estados Unidos. La apertura ocurre en un momento de fuerte polarización política y cuestionamiento de instituciones democráticas, con Donald Trump en la presidencia impulsando políticas y adoptando decisiones de corte autoritario que reciben muy poca contención del Congreso –que parece haber renunciado a ejercer su rol constitucional para rendirse al mandatario–, y con las elecciones de media legislatura a tan solo seis meses.
Hoy muchos miran a esos comicios como una oportunidad para que la oposición recupere el control de la Cámara de Representantes y –aunque con menos opciones– el Senado, dada la baja popularidad de Trump (40 % según la última media de encuesta de RCP) y el comportamiento tradicional de los votantes en estas citas electorales en las que suelen votar con intención de recordar al partido que tiene la Casa Blanca que Estados Unidos no quiere ni reyes ni emperadores. Es decir, para balancear el poder. Le pasó a Clinton, a Bush, a Obama… y, si hacemos caso a las encuestas, ahora el mensaje sería para Trump.
Es en este contexto en el que abre sus puertas a bombo y platillo el Obama Presidential Center. Y son precisamente esos valores que definieron su presidencia los que resuenan ahora. El centro está claramente diseñado alrededor de temas como participación cívica, democracia, inclusión, liderazgo comunitario o movilización social; y los valores de Trump y su Administración han sido otros desde que llegaron a la Casa Blanca. Por eso, el centro presidencial de Obama representa, en este momento, un monumento político, una declaración ideológica y una defensa de la visión más liberal y progresista asociada a quien fue el primer afroamericano en ser presidente de Estados Unidos.