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El retroceso de Estados Unidos en su 250 aniversario

Estados Unidos celebró este sábado su 250 aniversario. Una fecha importante que llega en un momento difícil para esta nación dividida y polarizada. Solo el 53 por ciento de los estadounidenses afirma sentirse «extremadamente» o «muy» orgulloso de ser estadounidenses, según la última encuesta de Gallup publicada hace unos días; se trata de la cifra más baja registrada desde que Gallup comenzó a formular esta pregunta en 2001. El orgullo nacional estadounidense alcanzó un máximo del 92 por ciento poco después de los atentados del 11 de septiembre, y hace una década, era del 81 por ciento. Gallup explica que, desde el año pasado, el orgullo ha disminuido más notablemente entre las mujeres, los estadounidenses de entre 18 y 54 años, las personas racializadas («people of color») y quienes no cuentan con estudios universitarios. No hay duda de que Estados Unidos sigue siendo una potencia mundial. Pero creo que hay tres aspectos que están contribuyendo al retroceso de la fuerza e influencia que tuvo durante las últimas décadas.

Desde la Segunda Guerra Mundial –y especialmente con el fin de la Guerra Fría–, Estados Unidos fue la potencia hegemónica del mundo. Lideró la construcción de una arquitectura internacional que, bajo su liderazgo e influencia, ordenó el sistema global sin otra fuerza que le pudiera hacer sombra. Hoy, el retroceso buscado de la Administración Trump (cuestionando la ONU, la OTAN, la OMS…) está siendo ocupado por potencias al alza como China –principalmente– o Rusia –en menor medida–, cediendo esos espacios o áreas de influencia a naciones que no comparten los principios de democracia y libertades que nos han beneficiado a tantos. Esto, a pesar de los abusos o violación de soberanía estadounidense perpetrados sobre otros Estados en todos estos años.

A esto se suma el deterioro de su poder económico. Desde mediados del siglo pasado, Estados Unidos representaba cerca del 40 por ciento del PIB mundial. Hoy es del 25 por ciento. ¿Y quién ha ocupado o desplazado a esa potencia económica? China, pero también otras naciones del mundo (India, Japón, Corea del Sur…), países que crecen y ofrecen lo que Estados Unidos ya no puede ofrecer. Con el surgimiento de esas economías, y la pérdida relativa de peso de Estados Unidos, la otrora potencia hegemónica se diluye, y con ello su poder.

Claro, las presidencias de Donald Trump también han sido decisivas. Decisiones inspiradas en el lema de campaña «America First» (Estados Unidos primero) han debilitado grandes acuerdo o alianzas internacionales para priorizar la bilateralidad, relegando a organismos globales.

El prestigioso columnista del Financial Times, Martin Wolf, publicó esta semana un artículo en el que precisamente explicaba «el ascenso y caída de la hegemonía de Estados Unidos», y se preguntaba –coincidiendo con este 250 aniversario– sobre el liderazgo estadounidense y el orden global que ayudó a crear. Wolf argumentaba que tanto el país como ese mundo que todavía hoy conocemos «se encuentran en crisis», y cargaba con dureza contra el presidente norteamericano cuya administración –escribió– «es corrupta, incompetente y, lo que es más importante, hostil a las normas y valores que inspiraron a los padres fundadores. La Declaración de Independencia proclamó la liberación frente a los tiranos; Donald Trump aspira a ser uno de ellos». El reconocido economista concluía, sobre Trump, con un «peor aún, está socavando los pilares del poder estadounidense: el Estado de derecho, el liderazgo científico mundial, las alianzas basadas en la confianza y la seguridad en su estabilidad económica y política».

A todo esto, se suma la descarada intención de Trump de apropiarse de las celebraciones de estos días en el país, para que giren –como vimos ayer– en torno a su persona y no en torno al país, su historia o su ciudadanía al margen de la filiación política que defina a cada uno, para poner su nombre o su presencia allí donde él ha querido. Esto ha provocado que muchos se sientan alienados de los festejos y, de alguna manera, avergonzados o preocupados por la deriva del país, haciendo de este aniversario una celebración agridulce y con menor fervor patriótico.

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