Está cambiando cómo se recuerda el 11S
Estados Unidos acaba de rememorar el vigesimoquinto aniversario de los atentados terroristas del 11S, una fecha a la que el país ha llegado mucho más preparado para evitar un nuevo ataque como el de aquel 2001, pero también un país más dividido social y políticamente, y con unas amenazas internas que hoy, muchos estadounidenses consideran más preocupantes que el terrorismo internacional.
El 11 de septiembre de 2001 Estados Unidos reaccionó con una extraordinaria unidad nacional. El sentimiento de vulnerabilidad y el patriotismo colectivo que despertaron los ataques aparcaron las diferencias sociales y políticas para defenderse, recuperarse, honrar a los muertos y atender a sus familias. Hoy, Estados Unidos está polarizado y muchos de sus ciudadanos viven con un profundo grado de desconfianza en sus instituciones. El enemigo ha cambiado; ha dejado de ser fundamentalmente externo para extenderse la percepción de que es más interno. Aquel 2001, la mirilla se puso sobre Al Qaeda, Osama bin Laden y el terrorismo islamista internacional. Hoy, según una encuesta de Reuters/Ipsos de finales de agosto, tres de cada diez estadounidenses creen que el terrorismo doméstico es la mayor amenaza para la seguridad, y sólo dos de cada diez señalan al terrorismo extranjero.
El aniversario ha llegado también con un debate público más evidente sobre las libertades individuales y la democracia. Los atentados de 2001 normalizaron la percepción de vulnerabilidad y miedo que llevaron a que muchos estadounidenses aceptaran la necesidad de un incremento en las medidas de control hasta extremos que hoy empiezan a ser cuestionadas y vistas como excesivas. Cada vez más voces hablan de un retroceso en las libertades individuales. La llamada “guerra contra el terrorismo” (o “contra el terror”) llevó al país y sus gobernantes a desplegar un enorme aparato de seguridad. Se crearon el Departamento de Seguridad Nacional, la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA), nuevas estructuras de inteligencia y cooperación antiterrorista… pero todo este andamiaje institucional implicó pagar un precio enorme: cambió también la idea de libertad. Es cierto que una mayoría de estadounidenses sigue considerando eficaces muchas de las medidas de seguridad implantadas después del 11S –especialmente las aeroportuarias–, pero el 65 % se opone a la vigilancia doméstica sin orden judicial, por ejemplo. Es decir, los estadounidenses quieren seguridad, pero tienen una conciencia mucho más crítica sobre hasta dónde debe llegar el Estado.
Cambio generacional
Pero la diferencia más relevante que he percibido tras casi dos décadas viviendo en Estados Unidos es que este aniversario ha evidenciado –tal vez como ningún otro reciente– que el cambio generacional está convirtiendo el 11S en memoria histórica. Hoy son pocos los jóvenes estadounidenses menores de 30 años que recuerdan los atentados como una vivencia personal que los marcara como al resto de ciudadanos. No los vivieron, y lo que conocen lo han aprendido de la escuela, los medios de comunicación o los memoriales. Es un hecho del pasado que no los golpeó vivencialmente.
Algunos comentaristas mencionaban estos días que este aniversario, por lo emblemático del número, pudo tener una dimensión especial y ser, seguramente, el último gran aniversario en la memoria de los testigos directos que todavía domina el relato nacional. Tal vez por eso, este viernes se llevaron a cabo una enorme cantidad de actos y ceremonias.
Este aniversario ha coincidido, además, con un presidente en la Casa Blanca distinto, disruptivo, populista y egocéntrico. Como ya nos tiene acostumbrados, Trump convirtió su participación en los eventos de recuerdo en un momento para reivindicar a las víctimas, sí; pero también para profundizar en las divisiones sociales y ubicarse él en el centro de la conversación—algo impensable para cualquier presidente, demócrata o republicano, en los años posteriores a los atentados.
Este aniversario, pues, ha sido distinto; distinto por el cuarto de siglo que lo deja atrás, y distinto también por el país y el presidente que lo ha recordado.