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Sí, estoy indignado

España está en campaña electoral. No ha comenzado oficialmente, pero desde que Pedro Sánchez anunció la disolución de las Cortes, todos los partidos se activaron, y cada cual intenta que su mensaje marque la agenda del día. No es ningún secreto afirmar que el presidente del Gobierno ha optado por llamar a elecciones sobre la ola de indignación que ha provocado el desahucio de Maricarmen Abascal y el hecho de que un tema social –y no cualquier tema– se haya situado en la primera línea del debate: la vivienda. Sánchez alimenta ese debate para evitar que el desgaste político que sufre acabe en el peor resultado para el PSOE desde la Transición; y la vivienda es, hoy por hoy, su mejor carta, por no decir la única. Comparto esa preocupación por el acceso a la vivienda, pero estoy indignado por la frivolidad con que se está abordando esta problemática y la ausencia de propuestas serias para enfrentarla. Si la vivienda hoy es inasequible para la mayoría de los ciudadanos, ¿qué políticas permitirían mejorar el acceso a ella y cómo se aplicarían? No las oigo en el debate.

Según el Eurobarómetro de otoño de 2025 de la Comisión Europea, la vivienda era la principal preocupación nacional mencionada por los encuestados españoles, con un 36 por ciento. Esa falta de acceso a una vivienda asequible es especialmente importante para los jóvenes, porque determina cada vez más si pueden abandonar el hogar familiar, formar una familia, tener hijos o trasladarse a una ciudad donde existan oportunidades laborales. Y frente a este panorama, los principales partidos no han hecho ni lo suficiente ni lo necesario, ni en los últimos años ni en los últimos días. Es cierto que se han tomado algunas medidas, pero han sido medidas aisladas que no han formado parte de un necesario acuerdo nacional que incluya a expertos y que de verdad enfrente el problema como se necesita.

La política de vivienda exige atender y entender los problemas y necesidades de los inquilinos –sobre todo de los más vulnerables–, de los propietarios –sí, también de los propietarios para que saquen al mercado con seguridad y tranquilidad sus viviendas–, de los promotores, de las empresas que buscan atraer talento nacional e internacional, de los municipios, de las administraciones públicas… Pretender abordarlo únicamente desde el punto de vista de los inquilinos o, aún peor, penalizando o demonizando a los otros –particularmente a los propietarios–, no solo no va a solucionar el problema, sino que lo agrava.

Pedro Sánchez hizo exactamente eso hace unos días con sus dos decretos que finalmente fueron rechazados. Se redactaron sin buscar acuerdos, sin negociar, sin consultar a expertos ni a las partes, sin abordar, en definitiva, el problema de la vivienda en toda su dimensión. El texto se elaboró en pocas horas, incluyó las propuestas que le pedían los partidos a la izquierda del PSOE e ignoró las del resto –no ya las de la oposición del PP o Vox, sino las de Junts o el PNV–, los presentó sin un aval jurídico adecuado y, cuando fracasaron, acusó al resto de no tener voluntad de acuerdo. Esa manera de proceder es irresponsable e impropia de un dirigente político que, frente a un problema nacional de esta envergadura, debería demostrar liderazgo. Pero no nos engañemos: Sánchez no quería solucionar el problema del acceso a la vivienda asequible para los ciudadanos; Sánchez hizo lo que hizo como parte de una estrategia electoral. Por eso estoy indignado. Porque veo que quien debería ponerse al frente de un acuerdo nacional para proponer soluciones, no solo no lo hizo, sino que utilizó el problema para su propia conveniencia.

Lo más triste de todo es cómo otros partidos también se han sumado a esta manera de proceder: Gabriel Rufián (ERC) exhibiendo un billete de 50 euros en la tribuna del Congreso para atacar a Junts (el único partido, por cierto, que explicó con datos y argumentos su oposición. ¿Le escucharon ustedes decir algo a Rufián sobre la posición del PP o de Vox?); o Ada Colau –posible candidata del llamado Frente Amplio– que alentó a la violencia contra Puigdemont por el voto de Junts («Puigdemont tendrá problemas para caminar por Catalunya», dijo).

En estas elecciones, Sánchez y algunos de sus socios quieren que hablemos de Maricarmen Abascal, pero los ciudadanos estamos esperando propuestas serias, consensuadas, transversales y realistas para atajar uno de los principales problemas que tiene este país. Si no es para eso, dejen de torearnos, por favor.

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