España, su modelo turístico y la pandemia

Washington, DC. — España vive del turismo. Supone el 12 por ciento de los 1.400 millones de dólares del Producto Interno Bruto español, pero la crisis del coronavirus le da —por decirlo con la expresión popular— donde más le duele.
A pesar de que las cifras de infectados y muertos descienden, España es hoy el cuarto país del mundo en número de contagiados —más de 280.000— y acumula unos 28.000 decesos. Con estas cifras, las autoridades continúan aplicando la prudencia en los planes de reapertura de la economía, y esa prudencia incluye que España no podrá recibir al turismo extranjero como muy pronto hasta próximo mes de julio, una vez que se pueda garantizar la seguridad tanto para locales como para visitantes. Sigue leyendo

¿Propinas por obligación?

propinas2Washington, DC. – Si usted viaja mucho por el mundo, seguro que se ha encontrado con el dilema de «¿cuánta propina debo dejar…?» al mesero de un restaurante al pagar la cuenta, al botones de un hotel por acarrear con su maleta, o al taxista tras llevarle al destino. Y más aún: seguro que ha sentido la presión de tener que dejar propina aunque el servicio recibido haya sido malo o mediocre.

En España, casi no existe cultura de propinas, más allá de unas monedas sueltas que en muchos casos suelen ser las del cambio a un pago en metálico. En el resto de Europa, las cosas no son muy diferentes, aunque sí es algo más común. Por eso, cuando muchos europeos –viajados y no viajados– llegan a Estados Unidos, se sienten incómodos con un sistema que espera generosas propinas por casi todo.

propinaAquí, es una forma de vida para muchos trabajadores que no tienen más sueldo que el de la gratuity que reciben de los clientes a quienes atienden; y la costumbre es dejar entorno al 20 por ciento del servicio, sino más. No aceptarlo puede, cuando menos, provocar situaciones incómodas.

A Maria, por no dejar propina a un taxista, le tocó bajar su equipaje del maletero al llegar a su casa tras un largo viaje. A un grupo de amigos, una mesera les increpó por no aceptar el 21% de propina tras un almuerzo; y otra despotricó en voz alta de otros amigos mientras regresaba a la caja con el cambio y la gratuity recibida porque la consideró insuficiente. Y me cuentan que unos europeos en un restaurante neoyorquino fueron perseguidos por el camarero quien les devolvió en la puerta del local la poca propina dejada.

El sistema de propinas genera un buen incentivo para mejorar el servicio ofrecido y recibido. El problema es que en Estados Unidos se ha pervertido su uso, y hoy el cliente siente la obligación de dejar propina, sea o no sea buena la atención o el producto recibido. Y como en todo, las imposiciones acaban cansando y pueden llegar a ser injustas.

Artículo publicado el 20/07/13 en Diari de Tarragona

El peso del turismo

VideoReportaje realizado para Efecto Naím emitido el 02/06/13

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Washington, DC. – ¿Sabe cuál es el sector en el mundo que más empleos ofrece? No es ni el comercio, ni la construcción, ni las finanzas o la energía. Es el turismo. Una de cada 12 personas en el mundo trabaja en este sector que no ha parado de crecer desde que el hombre comenzó a viajar por placer. El año pasado el número de viajes turísticos internacionales superó por primera vez los 1.000 millones.

VeneciaCrucerosHoy el turismo es una empresa colosal que tiene un gran impacto en casi todos los países del mundo, no sólo en sus economías –mueve anualmente más de 6,5 billones de dólares–, también para el patrimonio cultural y el medio ambiente. Si el turismo fuera un país, hoy sería el quinto más contaminante del mundo. Y las previsiones no son halagüeñas. Según la Organización Mundial del Turismo, en el 2030 se espera llegar a los 1.800 millones de viajes turísticos internacionales.

La periodista estadounidense Elizabeth Becker acaba de publicar un revelador trabajo sobre el colosal impacto del turismo en el mundo, y en Washington me da dos ejemplos impactantes: Venecia, una ciudad donde viven 60.000 personas, recibe cada año más de 20 millones de turistas. Los hoteles, las tiendas de lujo o los buques de crucero están acabando con el patrimonio cultural y natural de la ciudad. Y también Camboya le preocupa. El turismo enriquece a unas élites poco interesadas en los efectos medioambientales y humanos del turismo. El país está en plena explosión de hoteles y nuevas infraestructuras que drenan los acuíferos y están provocando el hundimiento de su principal joya, los templos de Angkor.

Los expertos recuerdan que es necesario acordar modelos turísticos donde el impacto sea mínimo: se preserven espacios naturales y culturales, y haya beneficios para la sociedad anfitriona. Alcanzar este equilibrio exige la participación de todos: de los gobiernos, del sector privado y de la comunidad local.

El ejemplo es Costa Rica, donde gracias a una estricta protección del medio ambiente, el país centroamericano es un referente mundial en ecoturismo. O Francia, el país más visitado del mundo, con casi 80 millones de turistas al año. Para el país galo, el turismo es la principal fuente de ingresos y de empleo, y para preservarla, Francia cuida sus costas, sus monumentos e incluso protege la calidad de sus productos nacionales como el vino o el queso.

Asusta pensar qué pasará cuando la clase media de países en desarrollo como China, Brasil o India, empiece a viajar de forma masiva.

Artículo publicado el 01/06/13 en Diari de Tarragona