Trump – Gustau Alegret https://gustaualegret.com News Sat, 17 Jan 2026 15:24:00 +0000 en-US hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9.1 https://i0.wp.com/gustaualegret.com/wp-content/uploads/2025/09/cropped-G-W.png?fit=32%2C32&ssl=1 Trump – Gustau Alegret https://gustaualegret.com 32 32 241712402 La legitimidad de María Corina Machado https://gustaualegret.com/la-legitimidad-de-maria-corina-machado/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=la-legitimidad-de-maria-corina-machado https://gustaualegret.com/la-legitimidad-de-maria-corina-machado/#comments Sat, 17 Jan 2026 15:23:47 +0000 https://gustaualegret.com/?p=23665

La reunión que vimos esta semana en la Casa Blanca entre el presidente Donald Trump y la líder opositora venezolana y nobel de paz, María Corina Machado, fue un ejercicio de realismo político que interesaba a las dos partes del encuentro.

Es evidente la polarización que genera Venezuela en el debate público, particularmente –y sorprendentemente, o no…– en España. He leído con sorpresa comentarios de “expertos” que han intentado explicar el encuentro en términos peyorativos, humillantes o ninguneantes para la Nobel de Paz. Explican que si entró por tal puerta al recinto presidencial, que si no hubo foto, que si no estuvo en la Sala Oval… argumentos peregrinos que nacen de la trinchera ideológica de quien los formula, sin advertir que el mismo encuentro, per se, es todo un reconocimiento (sin mencionar que sí hubo foto, sí estuvieron ambos en la Sala Oval, almorzaron juntos, la reunión se alargó casi una hora más de lo previsto y al encuentro se unieron altos funcionarios como el vicepresidente J.D. Vance, el secretario de Estado, Marco Rubio, o la poderosa jefa de Gabinete de Trump, Susie Wiles). Sí fue un encuentro importante que, como digo, ambos querían y necesitaban.

Para María Corina, el encuentro con Trump fue una oportunidad para reivindicar su liderazgo en Venezuela. Ella es, sin duda, la líder de un movimiento que ha ilusionado a miles de ciudadanos como la figura que plantó cara a un régimen ilegítimo, brutal, corrupto e inhumano; que ha sido perseguida, asediada, amenazada, asaltada y cuyo entorno político ha sufrido las consecuencias de esa valentía; que, a pesar de haber sido inhabilitada injustamente, supo promover un candidato –Edmundo González– para concurrir a unas elecciones en circunstancias dificilísimas, humillando al régimen y demostrando que las ganaron. Sí, María Corina Machado reivindicó su liderazgo frente a Trump en ese encuentro como interlocutora a la que el presidente ha marginado ahora en sus planes para Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro. Ahí entra en juego la dedicatoria del Premio Nobel de Machado a Trump en esa reunión. Para agradecerle lo que considera una liberación del sátrapa de Maduro recurriendo a la polémica vía militar (María Corina Machado siempre ha sostenido que, como declaró a la BBC en 2019, «solo la amenaza inminente y severa del uso de la fuerza sacará a Maduro del poder», como así ha sido).

Pero Trump también tiene interés y necesita a María Corina, aunque no ahora. No la necesita ahora porque es evidente también que María Corina Machado no controla el país, ni el territorio, ni la logística, ni es garantía de que no haya violencia, y todo eso –en la fase en que nos encontramos–, pesa más que la legitimidad, los votos o el apoyo popular.

El secretario de Estado, Marco Rubio, resumió recientemente las tres fases de los planes estadounidenses para Venezuela. El primero está en curso: el control del caos. Una vez descabezado el régimen, Estados Unidos negocia con quien tiene las armas, con los que pueden desatar violencia y los que saben dónde están los problemas. Aquí entra Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Maduro y hoy presidenta encargada; no por gusto sino por necesidad. En la segunda fase, la del reacomodo del poder, comenzarían a entrar en lugares de decisión civiles, técnicos, actores necesarios para la reconstrucción del país que sean “aceptables” para las dos partes. En esta fase, Edmundo González y otros podrían tener un rol. ¿Y dónde queda María Corina? En la tercera fase, la de legitimación. Es el último estadio del proceso de transición donde deberán organizarse y garantizarse elecciones libres. María Corina Machado es parte de la narrativa democrática de esa fase.

Machado no está fuera del tablero. No es la carta para esta jugada, pero es una carta valiosa y necesaria para las siguientes. María Corina hoy no es parte directa de las conversaciones con el régimen, pero lo fue esta semana, al más alto nivel, con quien las mantiene. Su rol será el de legitimadora y posiblemente la figura que capitalice políticamente el futuro que vendrá para Venezuela, muy a pesar, seguramente, de los “expertos” acomodados en su trinchera ideológica.

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¿Por qué Trump está obsesionado con Groenlandia? https://gustaualegret.com/por-que-trump-esta-obsesionado-con-groenlandia/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=por-que-trump-esta-obsesionado-con-groenlandia Thu, 15 Jan 2026 12:48:24 +0000 https://gustaualegret.com/?p=23663

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha convertido la adquisición de Groenlandia en un objetivo obsesivo y prioritario de su segundo mandato en la Casa Blanca. «[C]ualquier cosa» que no sea el control estadounidense de ese territorio –escribió en su red social Truth– es «inaceptable» y lo hace con argumentos conocidos, y también con motivaciones que no lo son tanto.

No es la primera vez que un gobierno estadounidense estudia cómo adquirir la isla. Las últimas más conocidas las ha liderado Trump: en 2019 –durante su primera presidencia– y ahora en 2025; y lo argumenta públicamente por motivos estratégicos, económicos y geopolíticos.

Groenlandia tiene, sin duda, una ubicación estratégica entre América del Norte, Europa y el Ártico; es una ruta crítica en términos militares y económicos. Los Estados Unidos operan hoy en ese territorio la Base Espacial de Pituffik, que es fundamental para el sistema de alertas tempranas de misiles, vigilancia espacial y defensa del Ártico. Entre el continente europeo y el americano, Groenlandia se ubica en el punto para la detención de barcos y posibles submarinos rusos que zarpan del norte de Europa para adentrarse en el Atlántico. Además, por el norte, es más fácil contener a Rusia y China que están reforzando su presencia militar en el Ártico (China se definió como un «estado próximo al Ártico» en 2018).

Económicamente, el territorio también es crítico por dos motivos: sus recursos naturales y las nuevas rutas marítimas. Groenlandia tienen tierras raras, fundamentales para enfrentar la carrera tecnológica, para defensa y para la energía verde. Potencialmente tiene petróleo y gas, además de uranio. Trump quiere garantizar la sostenibilidad de la independencia energética de Estados Unidos y reducir la dependencia de EE. UU. de China en las tierras raras. Y es evidente también que, con el deshielo, el Ártico ofrece trayectos marítimos más cortos entre Asia, Europa y América del Norte, que son clave en un mundo globalizado e interdependiente.

Pero estos motivos militares o económicos no son insalvables para los intereses estadounidenses sin poseer el territorio. El hecho de que Groenlandia sea un territorio autónomo de Dinamarca –país aliado, miembro de la OTAN– posibilita a Washington buscar por la vía diplomática la cooperación o garantías para sus intereses (es risible, como mínimo, el argumento de Trump de que «no vamos a tener a Rusia ni a China como vecinos», cuando Alaska es, de hecho, un territorio estadounidense limítrofe con Rusia por el Oeste, y es en el mar de Bering donde estos dos rivales de Estados Unidos tienen, de hecho, una presencia militar que de verdad debería preocupar Trump). Y en temas comerciales o de minerales críticos, Estados Unidos –como tiene con otros muchos países– puede llegar a acuerdos ventajosos que beneficien a su país, a los groenlandeses y a Dinamarca.

¿Por qué, entonces, Trump aparentemente solo considera aceptable incorporar Groenlandia a Estados Unidos? Porqué Trump es, fundamentalmente un empresario inmobiliario que entiende que solo cuando uno posee una propiedad es cuando la cuida, y él encara este proceso con una mentalidad transaccional—como si fuera un negocio o una gran operación inmobiliaria a largo plazo. A esto, se suma el segundo motivo –tan personal como el primero– y que está relacionado con su imagen: anexionar Groenlandia le permitiría lanzar un potente mensaje político interno enmarcado en su nacionalismo asertivo que logra la expansión del poder estadounidense rompiendo con las formas diplomáticas tradicionales que tanto critica.

La pregunta es hasta donde está dispuesto a llegar Trump, más tras el éxito de su operación militar en Venezuela y su convicción de que puede hacer lo que le dé la gana. El peor escenario al que nos enfrentamos es una crisis diplomática mayúscula que haga implosionar a la OTAN y aleje aún más a Estados Unidos del proyecto europeo (haciendo, de nuevo, las delicias de Putin).

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