Sexo y mentiras en política

[Artículo publicado el martes 21 de junio en el Diari de Tarragona]
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Washington, DC. – Ha dimitido otro político estadounidense por un escándalo sexual, esta vez originado en su cuenta de Twitter. El congresista demócrata por Nueva York, Anthony Weiner, compareció el jueves pasado ante los medios de comunicación en el mismo sitio donde 20 años antes había comenzado su carrera política. Solo y con un tono desafiante pidió “perdón” por el daño causado a su partido y a su mujer, y anunció que renunciaba. Su pecado: haber mantenido relaciones virtuales improcedentes con mujeres a las que contactaba a través de las redes sociales y, más grave aún, haberlo negado al ser descubierto. Sigue leyendo

La dimisión en política

[Artículo publicado en el ‘Diari de Tarragona’ el 18 de marzo de 2011]
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Washington, DC. – Ha dimitido el portavoz del Departamento de Estado, Philip J. Crowley. Él mismo lo ha comunicado mediante una nota difundida a través de la página web oficial de la diplomacia norteamericana. Crowley es ampliamente conocido en los medios periodísticos por su trabajo; tenía una gran habilidad para sortear todo tipo de preguntas insistentes, incisivas o impertinentes — vaya, las que tienen que hacer los periodistas.

Me contaba recientemente un colega de la profesión que “conocías más de lo que se cocía en el Departamento de Estado al final de las ruedas de prensa en los corrillos con Crowley que durante ellas — lo malo es que de esos corrillos nunca sabías qué era off-the-record y qué no”. Sigue leyendo

Nos vamos a olvidar de Haití

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Washington, DC.- Haití ha retrocedido 100 años tras el terremoto. A la miseria del país, acuciada por el desgobierno, las guerras y la corrupción, se le suma ahora la destrucción de un calamitoso seísmo que ha llegado a millones de “conciencias”—en palabras de Pew Research Center—como ningún otro en mucho tiempo. Horas después del desastre, centenares de periodistas de todo el mundo empezaron a llegar a la isla. Las empresas periodísticas—por interés informativo, por ganar audiencia o por los dos motivos—se desplegaron como en pocos hechos noticiables de los últimos tiempos. Horas de radio y televisión, y páginas de papel o electrónicas centraron su atención en esa parte tan maltratada de La Española que es Haití. La fuerza de los relatos y las imágenes conmovieron al mundo y propiciaron un esfuerzo de solidaridad extraordinario compuesto de pequeñas aportaciones individuales que, en cierta manera, forzaron también a los gobiernos a realizar esfuerzos suplementarios para aliviar tanto dolor.

La cadena de acontecimientos ha sido admirable. La tecnología y las modernas comunicaciones han contribuido decisivamente a despertar conciencias y movilizar recursos para el pueblo haitiano. Las imágenes—fuertes en algunos casos—han sido decisivas para que miles de ciudadanos y centenares de gobiernos aportaran ayuda. Esa movilización no hubiera sido tan rápida sin el papel de los medios. Pero vivimos en un mundo que va deprisa, demasiado. Las cosas que hoy pasan, mañana ya no cuentan porque hay otras que nos ocupan y llaman nuestra atención. Tras unas primeras semanas de desembarco en Haití, las empresas informativas empiezan ya a replegarse porque el drama ya no cautiva nuestra atención como lo hizo en los primeros momentos del desastre.

Una cierta insensibilización es comprensible, porque lo anormal del desastre se ha convertido en los últimos días, en habitual (que no normal), y nos desmotiva o no nos llama como en los últimos días de enero. El vice-presidente de CBS News, Paul Friedman, lo dijo esta semana bien claro: estamos “retirando a nuestra gente tan rápido como podemos porque la noticia no es tan central como lo fue, y porque nos preocupa todo el dinero que nos estamos gastando”.

Haití puede volver a caer en el olvido. En pocos meses en la isla sólo quedarán algunos periodistas que continuarán luchando para que las historias del drama que condena a esa sociedad tengan más cobertura que las de un breve.

Sí, lo sé: soy pesimista. ¿Quién se acuerda hoy de los damnificados por el Tsunami que arrasó la costa de Tailandia en diciembre del 2004?

Foto: CNN