Trump y el uso de órdenes ejecutivas

Washington, DC. — Como en toda democracia, la división de poderes es fundamental. El legislativo, el ejecutivo y el judicial deben —como escribió el pensador francés Montesquieu— mantener su separación con la finalidad de garantizar el funcionamiento de un estado de derecho. También, como en todas las democracias, la competencia entre esos poderes es una realidad y por eso, existen mecanismos que —de acuerdo a los ordenamientos jurídicos de cada país y a la interpretación de sus leyes— permiten y amparan que los poderes tomen excepcionalmente el rol o papel del otro con el fin de avanzar un propósito. Es el caso, en Estados Unidos, de lo que se conoce como órdenes ejecutivas presidenciales, un poder que puede usar el Presidente frente a una disputa con el legislativo o un vacío legal. Si el Presidente va demasiado lejos en su decisión, la orden puede ser llevada ante la justicia y ésta puede acabar ante la Corte Suprema, que tiene la última palabra. Sigue leyendo