El fino paladar de Daniel Ortega

Managua. – Estoy desde el jueves en Nicaragua. He venido por trabajo y con una gran curiosidad por conocer este país centroamericano (puedo decir que los he visitado todos con excepción de Costa Rica, que se me sigue resistiendo a pesar de varios intentos). No escondo mi curiosidad por hablar con los nicaragüenses con los que me toca interactuar, ciudadanos del único país de esta zona del continente que es parte del ALBA, comúnmente conocida como Alianza Bolivariana para América. Nicaragua, junto a países como Bolivia, Cuba, Ecuador o Venezuela, comulga con este proyecto regional de inspiración chavista que pone énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social basado en doctrinas de izquierda.

La entrada de Nicaragua en el ALBA se remonta al año 2007, cuando el líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Daniel Ortega, ganó las elecciones presidenciales. Y las ganó con una imagen nueva de hombre pacífico que pregona, aún hoy, una Nicaragua “Cristiana, Socialista y Solidaria”, en el que su prioridad es promover la paz y combatir la pobreza.

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