Desinformación, la otra pandemia

Washington, DC. — La pandemia por el nuevo coronavirus es una crisis compleja. Compleja en sus consecuencias y compleja también en su origen y expansión, pero vivimos en un mundo donde la brevedad y la simplicidad tiene más aplauso y aceptación que la complejidad. Preferimos leer cosas cortas, fáciles de entender y que, en muchas casos, refuercen nuestra opinión. Esto crea un terreno fértil para que surja otro tipo de pandemia, la de las noticias falsas o teorías conspirativas. Sigue leyendo

El precio de estar informado

[Publicado el 02/02/13 en Diari de Tarragona]
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Washington, DC. – Hillary Clinton, hasta esta semana Secretaria de Estado norteamericana, nos recordó el domingo pasado una obviedad de la que no siempre somos lo suficientemente conscientes. «Vivimos en un mundo peligroso y con riesgos», dijo en la entrevista que concedió al prestigioso programa 60 Minutes de la cadena CBS, en la que apareció acompañada del Presidente Barack Obama.

6a00d83451b0aa69e200e54f5f79828833-800wiLos peligros del mundo de hoy, acentuados por la crisis económica, los sufrimos todos de muchas maneras. Una de las más silenciosas pero más trascendentes es el debilitamiento del periodismo, tanto por la difícil subsistencia del negocio como por los riesgos para sus profesionales.

El Committee to Protect Journalists (CPJ), con sede en Nueva York, lleva la trágica cuenta de periodistas asesinados desde 1992. El año pasado la cifra se disparó de manera alarmante. Según el CPJ, 25 periodistas murieron asesinados en zonas de conflicto armado en 2012, lo que representa casi el doble del promedio histórico.

El periodismo juega un rol fundamental en una sociedad democrática. Producir información rigurosa, de interés general e independiente tiene un coste. En un mundo cada vez más peligroso, donde la crisis económica no distingue el valor de empresas o productos, la información de calidad es más necesaria que nunca. Pagar por ella no es un lujo; es una obligada necesidad.