Impunidad policial

>Washington, DC.- Siempre he creído que la policía norteamericana actúa con impunidad. No son pocos los excesos denunciados que claman al cielo, y no quiero imaginarme los que no salen a la luz. Recuerdo por ejemplo la reacción de un policia con una mujer a la que esposó en el suelo tras obligarla a salir de su vehículo por un exceso de velocidad, o el de la policia de Los Angeles con un joven al que apalean sin que ni siquiera pueda levantarse.

El Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) ha reconocido que durante el año 2009, “negros y latinos fueron nueve veces más propensos que los blancos a ser parados y registrados”, aunque la proporción de detenciones finales fue similar a la de los blancos (un 6 por ciento). Dicho en otras palabras, las estadísticas demuestran un elevado prejuicio de los oficiales.

Entre los argumentos esgrimidos por los miembros del cuerpo, destacan el de que el detenido “encajaba con la descripción del sospechoso” o que realizaba “movimientos furtivos”.

El sistema de alto y registro es comprensible e incluso necesario en determinadas circunstancias. De los más de 575.000 altos y cacheos a gente en Nueva York durante el 2009 —un número record en comparación con estadísticas anteriores— se incautaron 762 armas de fuego. La cifra es llamativa, pero no justifica en ningún caso el desproporcionado porcentaje de actuaciones sobre esos dos grupos étnicos.

La policía tiene que servir al ciudadano, no perseguirlo. En una ciudad cosmopolita como Nueva York, la multiculturalidad está al orden del día, y así lo tiene que saber y comprender su policía. Sugiero que el NYPD abra sus puertas a oficiales negros y latinos que, seguro, sabrán entender más y mejor a sus conciudadanos.

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