8N EEUU: está en juego la democracia

Washington, DC. — Estados Unidos vota este martes en las elecciones de medio periodo. Son unos comicios en los que se renueva la Cámara de Representantes, un tercio del senado, 36 gobernadores y un sin fin de iniciativas y posiciones locales. Y son unas elecciones a las que el país llega polarizado y con una amplia mayoría bipartidista de estadounidenses que temen que pueda producirse violencia por motivos políticos.

Según una encuesta difundida este fin de semana por el Washington Post y la cadena de noticias ABC News, casi 9 de cada 10 ciudadanos (el 88 por ciento) están preocupados porque las divisiones políticas se han intensificado hasta el punto de que creen que existe un mayor riesgo de violencia por motivos políticos, incluidos más de 6 de cada 10 que están «muy preocupados».

De los dos partidos, más estadounidenses culpan más al Partido Republicano por el riesgo de violencia, pero la diferencia no es amplia: según la encuesta, el 31 por ciento frente al 25 por ciento que culpa más al Partido Demócrata. Otro 32 por ciento culpa a ambos partidos por igual. La mayoría de los demócratas y republicanos culpan al partido contrario.

La encuesta se realizó una semana después de que Paul Pelosi, el esposo de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, fuera atacado en su casa por un asaltante con un martillo y posteriormente hospitalizado. Ese fue el último incidente de una lista que crece.

Estados Unidos no ha estado exenta de violencia por motivos políticos desde su fundación. Cuatro de sus expresidentes fueron asesinados. Abraham Lincoln en 1865, James A. Garfield en 1876, William McKinley en 1901, y John F. Kennedy en 1963. Candidatos políticos como el aspirante presidencial Robert F. Kennedy en 1968. O el líder del movimiento por los derechos civiles Martin Luther King meses antes, ese mismo año. Pero en la última década, esta violencia se ha disparado.

El ataque a la congresista Gabby Giffords en un mitin en Tucson, Arizona, en 2011, cuando hacía campaña, dejó 6 personas muertas, varios heridos. En 2017, en un partido de beisbol en Virginia, un hombre disparó al republicano Steve Scalise, entre otros. Ambos salvaron su vida pero con secuelas importantes, especialmente Giffords.

Desde el principio de esa década, las autoridades hablan con más asiduidad de la preocupante violencia armada con fines políticos, de terrorismo doméstico, que tristemente forma parte ya de la normalidad de Estados Unidos, y que se mezcla con el histórico problema de las armas pero que ahora se está concretando en esas acciones violentas por razones políticas.

El asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021 fue uno de los más graves de la historia de esta democracia. La milicia, seguidora del expresidente Donald Trump, asaltó el Capitolio. Buscaba colgar al vicepresidente Mike Pence, linchar a legisladores –incluida la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi–, y revertir el resultado electoral. Todo, para más inri, alimentado por el presidente derrotado semanas antes en las elecciones, Donald Trump.

Ahora, Trump puede volver. Tras estas elecciones, con un partido republicano en el que cientos de cargos con opciones de victoria, le siguen a pies juntillas. Y en 2024, como candidato: el viernes dijo que «es muy, muy, muy probable» que vuelva a presentarse, y por el sistema de elección de primarias, tiene opciones de ser otra vez el aspirante republicano… Trump, que no ha reconocido su derrota, que sigue alimentando la «gran mentira» de que esas elecciones fueron manipuladas y se las robaron, y que no ha condenado ni el asalto del 6 de enero, ni el ataque al marido de Pelosi.

El miércoles por la noche, en un discurso inédito, el presidente Biden pidió a la nación que aceptara los principios fundamentales de la democracia: aceptar los resultados de las elecciones y evitar recurrir a la violencia.

El martes, los republicanos pueden conseguir la mayoría en la Cámara de Representantes. Podrían incluso ganar el control del Senado. Y a Biden le quedaría dos años de probable bloqueo legislativo, con un Congreso en contra y una Corte Suprema conservadora.

¿Maniobrará el partido republicano tras este 8 de noviembre para alejarse del trumpismo y recuperar sus tradicionales posiciones conservadoras en los social y liberales en lo económico; o continuará abrazado a Trump, radicalizándole y arrastrando así a la democracia de la primera potencia del mundo?

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