Los polos se derriten mientras consumimos

Washington, DC. — Esta semana nos llegó una nueva alerta de los científicos sobre las consecuencias del cambio climático. En la reunión anual de la Unión Geofísica Estadounidense se presentaron los detalles de cómo, el aumento de la temperatura en la tierra, está afectando al Ártico, acelerando el deshielo a un ritmo no visto que transforma de manera alarmante el Polo Norte, sus ecosistemas y el nivel de los océanos. Lo describen como una situación de colapso cuyas consecuencias van mas allá del Ártico.

El hielo marino –explican los científicos– ha actuado tradicionalmente como el aire acondicionado de la Tierra. Su gran superficie blanca refleja hasta dos tercios de la luz solar que lo impacta, devolviendo al espacio enormes cantidades de radiación solar. Su lenta pero paulatina desaparición tiene graves consecuencias.

Con menos hielo, el océano gana terreno y cambia el blanco reflector por el azul oscuro que no solo no devuelve esa radiación sino que la absorbe, haciendo mucho más difícil que esa agua vuelva a congelarse y acelerando el proceso de desaparición del Ártico. Esto, claro, además del impacto que per se tiene: esa superficie sólida de hielo es el hábitat donde se desarrollan, coexisten y cazan especies autóctonas, por lo que se las condena a su desaparición rompiendo también la delicada cadena alimentaria de osos, focas, renos, zorros polares, belugas, etc.

Tal es la alarma de este proceso que los científicos hablan del riesgo de colapso de una de las plataformas de hielo más relevantes de la zona, el glaciar Thwaites. Un estudio de la Universidad de Washington, utilizando mediciones satelitales y modelos de computadora, determinó en 2014 que el glaciar se derrite gradualmente, y su desaparición por sí sola podría hacer que el nivel del mar global aumentara 60 centímetros, una cantidad que provocaría un impacto caótico en el mundo.

La alarma no es nueva. Conocemos el proceso del cambio climático y sus consecuencias. Y tal como van las cosas, no será la última.

El cambio climático es real y los humanos, con nuestro modelo de consumo, somos fundamentalmente los que lo estamos provocando.

Es urgente despolitizar la necesidad de reducir las emisiones que contribuyen al calentamiento global y nuestra dependencia de los combustibles fósiles. Es cierto que es muy difícil: el plástico, gran parte de la ropa que tenemos o el combustible que quemamos para desplazarnos proceden del petróleo, son derivados. El asfalto de nuestras calles o la electricidad todavía proceden, en gran medida, de combustible fósiles.

En estos días de celebraciones, en los que consumimos más, sí podemos pensar en cómo hacemos que nuestro impacto sea menor: comprando productos de proximidad (que generan menos impacto porque el transporte hasta la tienda ha sido menor), evitando el plástico de un solo uso (vasos, platos, bolsas…), reduciendo los envoltorios de los regalos, o comprando productos sostenibles.

Los polos se están desestabilizando, y esa es solo es una de las consecuencias del cambio climático. No podemos ser tan miopes como para pensar que eso está muy lejos de donde vivimos o que no nos interesa. Las consecuencias las pagamos todos porque solo tenemos un planeta, y somos nosotros, con nuestro modelo de consumo y de vida los que lo estamos poniendo en riesgo.

Los políticos, los gobiernos, las empresas… tienen una responsabilidad, pero con nuestro activismo, con nuestro cambio de comportamiento, deben sentir que esa preocupación es compartida.

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