Washington DC. – El viernes pasado salió a la venta el último libro del veterano columnista estadounidense, Michael Wolff. Fire and Fury: Inside the Trump White House (Fuego y Furia: dentro de la Casa Banca de Donald Trump) es un relato basado en más de 200 entrevistas que describe los primeros meses del mandatario al frente de Estados Unidos. La obra muestra una presidencia caótica, un Ala Oeste (lugar donde se encuentran las oficinas del presidente y sus asesores) disfuncional y un mandatario que no esperaba ganar las elecciones, que no está preparado y al que la mayoría de sus asesores consideran un niño. Esta descripción sería cómica si no fuera porque se trata del presidente de Estados Unidos, y es la enésima voz que cuestiona la estabilidad mental de Donald Trump.

La preocupación expresada en los medios no es exclusiva de los periodistas. También en el Capitolio estadounidense hay quienes se preguntan sobre la salud mental de Trump. Según un artículo publicado ahora por el portal de noticias Politico, el pasado diciembre una docena de congresistas se reunió con un reputado psiquiatra con el propósito de dilucidar si el presidente está capacitado para ejercer su cargo. De acuerdo con la información publicada, el experto es el profesor de psiquiatría de la Universidad de Yale, Bandy X. Lee, quien recientemente publicó el libro The Dangerous Case of Donald Trump (El peligroso caso de Donald Trump), una colección de testimonios en la que una veintena de expertos en psiquiatría abordan la salud mental del presidente.

Trump tiene hoy 71 años y es uno de los pocos presidentes que ha llegado a la Casa Blanca con más de 70, una edad en la que los problemas mentales pueden ser más frecuentes. El doctor Lee le dijo a ese grupo de senadores que Trump “iba a desmoronarse y ya estamos viendo señales”.

Los profesionales de la psiquiatría que se han atrevido a opinar sobre el comportamiento del presidente lo hacen con cierta prudencia. Ninguno ha tratado al mandatario directamente y sus comentarios podría ir en contra de las normas éticas de la profesión y de la ley que protege la privacidad de los pacientes. Lo hacen basados en el comportamiento públicos de Trump: sus gestos, sus tics o sus mensajes en redes sociales. Algunos coinciden en suponer que Trump puede tener síntomas de un Trastorno Narcisista de la Personalidad que, de acuerdo con el medio especializado Psychology Today citado por la BBC, estaría definido por la grandiosidad, la falta de empatía por otras personas, la superioridad y la búsqueda de admiración o atención excesiva que le lleva a encarar mal las críticas o derrotas. Otros van más allá y temen que Trump pueda estar sufriendo episodios puntuales de demencia, algo que afecta hasta el 8 por ciento de las personas mayores de 60 años en mundo, según la Organización Mundial de la Salud.

La salud mental del presidente de Estados Unidos no es un tema menor. Sus decisiones no solo afectan a los más de 300 millones de personas que viven en el país; tiene repercusiones globales.
La Constitución de Estados Unidos en su enmienda 25 permite una suspensión inmediata del presidente si la mitad de su gabinete considera que es “incapaz de ejercer los derechos y obligaciones de su cargo”.

Es muy poco probable que su gabinete hiciera algo así, como también lo es que el Congreso —hoy con mayoría republicana en ambas cámaras— comenzara un proceso de impeachment o destitución, pero los medios sí están ejerciendo ese papel de controlador del poder y el debate sobre la capacidad de Trump para ejercer el cargo ha cobrado relevancia en las últimas semanas.
Esta semana el presidente se someterá a su primer examen médico desde que asumió el cargo. Será un examen físico más que mental, pero nos dará alguna pista de cómo se encuentra Donald Trump. Estaremos atentos. Sus resultados nos interesan a todos.

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