Managua. – Estoy desde el jueves en Nicaragua. He venido por trabajo y con una gran curiosidad por conocer este país centroamericano (puedo decir que los he visitado todos con excepción de Costa Rica, que se me sigue resistiendo a pesar de varios intentos). No escondo mi curiosidad por hablar con los nicaragüenses con los que me toca interactuar, ciudadanos del único país de esta zona del continente que es parte del ALBA, comúnmente conocida como Alianza Bolivariana para América. Nicaragua, junto a países como Bolivia, Cuba, Ecuador o Venezuela, comulga con este proyecto regional de inspiración chavista que pone énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social basado en doctrinas de izquierda.

La entrada de Nicaragua en el ALBA se remonta al año 2007, cuando el líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Daniel Ortega, ganó las elecciones presidenciales. Y las ganó con una imagen nueva de hombre pacífico que pregona, aún hoy, una Nicaragua “Cristiana, Socialista y Solidaria”, en el que su prioridad es promover la paz y combatir la pobreza.

Este sábado visité uno de los restaurantes más selectos de Managua (omitido el nombre por discreción). Antes de pedir mi almuerzo, conversé con el encargado quien me presentó la carta de platos y vinos [cuando uno ha visitado diversos países latinoamericanos se da cuenta que no todas las monedas locales tienen símbolo propio –como el dólar ($) o el euro (€)–, así que para acompañar el coste de los productos indicados en moneda local utilizan el símbolo del dólar americano como un genérico de moneda].

Al abrir la carta de vinos me llamaron la atención dos cosas: los vinos estaban listados por precio y no por tipo de uva o región, como es habitual; y el primer caldo de la lista –un Vega Sicilia– costaba la sorprendente cifra de 800$ (ver foto):

— “¿Quién pide una botella de este precio aquí?” — pregunté al mesero con asombro.

Mi interlocutor, con quien había ganado algo de confianza tras un largo rato de conversación, me respondió impertérrito:

— “Uy, aquí, sobre todo el Presidente y su esposa” — me dijo con naturalidad mientras esbozaba media sonrisa de confidente.

—“¿Y viene mucho Ortega?” — continué.

— “Sí, con bastante frecuencia; pero él sólo toma un cuarto de botella… quien realmente bebe es su esposa, que se acaba los tres cuartos restantes” — agregó.

— “¿Y quién paga?”

— “Normalmente le invitan, pero todas las facturas nos las piden a nombre de la Presidencia de la República”.

— “¿Y él es el único político que tiene gustos tan caros?” — continué preguntando.

— “No, esa botella también la pide el Presidente del Consejo Electoral y, cuando vienen, algunos diputados de la Cámara”.

Photo Oct 04, 4 08 46 PM

En este punto creo que mi interlocutor estaba ya sorprendido por mi interés.

— “¿Por qué me lo pregunta? ¿Le sorprende?” — dijo.

— “No, por nada… —respondí—, aunque le confieso que sí me sorprende que en un país con tanta pobreza y con un gobierno tan de izquierda y con un mensaje tan ‘Cristiano, Socialista y Solidario’ —parafraseé— pues que lo normal sean las botellas Vega Sicilia de 800 dólares”.

El silencio de mi interlocutor fue una amable invitación a escoger mi almuerzo, por cierto unos 70$ con propina incluida que correspondieron a una entrada, un plato fuerte y una copa de vino.

* * *

Hoy he viajado a una región al norte del país. He ido a conocer un centro de salud, una casa materna y me han invitado a ver un encuentro comunitario (reunión de voluntarios sociales que reciben instrucción para atender a la población más dispersa). Llegar hasta mi primer destino me ha costado cuatro horas de coche por carreteras no siempre bien pavimentadas.

Desde el último punto de destino aún hay familias pobres que deben desplazarse entre cuatro y cinco horas por caminos rurales de complicada orografía. Es el peaje que deben pagar –ellos a pie– para llegar a ver a un médico. Cuando hoy les miraba a la cara no podía dejar de pensar en la alegría con que se descorchan las botellas de Vega Sicilia en Managua.

Foto: esplendido.net

Artículo publicado el domingo 12/10/14 en Diari de Tarragona

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6 comentarios en “El fino paladar de Daniel Ortega

  1. A lo largo de la historia todos los líderes políticos acaban comportándose igual, por eso se dice que el poder corrompe, aunque no descarto que algunos supuestos revolucionarios tengan como objetivo principal su buena vida personal y en segundo lugar el bienestar de su pueblo. Es fácil hablar de comunismo cuando eres un líder y vives como un príncipe. Ejemplos muchos: todos los de la Unión Soviética, los Castro en Cuba y probablemente la mayoría del resto de la América Latina.

  2. Molt bo!
    Jo vaig ser a Nicaragua en plena decadència del sandinisme i de l’Ortega.
    Sempre quedarà el dubte de com hauria anat la revolució sense la intervenció de la contra.
    Hi havia gent molt ferma a l’entorn de l’Ortega.
    Disfruta molt i prent-te un Flor de Caña (ja que no un Vega Sicilia) a la meva salut!
    M.

  3. La aclaración que pones sobre las monedas es un poco confusa. Tal vez un “en muchos países latinoamericanos, los restaurantes de alto poder adquisitivo listan los precios en US$” o algo por el estilo.

  4. Asi me gusta, paises pobres gobiernos corruptos y siguen votandoles, lo mejor es que a estos gobernantes no les interesa que sus subditos se culturicen , porque entonces tendrian, entre otras cosas, que dejar de beber este tipo de vino.
    Dicho sea de paso que para gobiernos y politicos corruptos no hace falta saltar el charco.

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