myegoo_hurto_oWashington, DC. – “La picaresca del alumno”. Así definía mi profesor de Literatura durante el Bachillerato a la práctica de copiar en trabajos o exámenes. “Entre sus opciones –nos decía– está la de engañar; entre las mías asegurar que no lo hagan. Bien por ustedes si lo logran”, concluía. Esas palabras justificaban con ironía la actitud del vivo que se saltaba las normas sin castigo frente al bobo que cumplía.

La prestigiosa revista de psicología The Journal of Personality and Social Psychology acaba de publicar un estudio sobre los pequeños engaños generalizados del día a día. La conclusión es sorprendente: el engaño genera “emoción, auto-satisfacción y un sentimiento de superioridad”. Y no crean que la investigación habla de grandes robos; al contrario. Se estudió la reacción a pequeños engaños en, por ejemplo, una declaración de impuestos, un parte de accidente o un producto comprado con el precio cambiado.

No saben los estudiosos si el placer tiene su origen en la satisfacción por no ser descubierto, en la sensación relajante posterior al estrés sufrido o en la relativización de pensar que mientras no haga daño a nadie no pasa nada.

Una sociedad acostumbrada a aceptar “la picaresca” en las pequeñas cosas diarias es terreno fértil para la indiferencia a mayores engaños. ¿Por qué nos extraña entonces la indignación pasiva que vemos a los grandes casos de corrupción que nos rodean?

Artículo publicado el 16/10/13 en Diari de Tarragona

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3 comentarios en “La picaresca del día a día

  1. Del Lazarillo de Tormes “Lázaro, engañado me has: jurare yo a Dios que has tu comido las uvas tres a tres.
    “No comí -dije yo-más ¿por qué sospecháis eso?”
    Respondió el sagacísimo ciego: “¿Sabes en que veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y callabas., a lo cual yo no respondí.”

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