[Publicado el 18/10/12 en Diari de Tarragona]
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Washington, DC. – Es bien conocida la fábula de Esopo que cuenta cómo una libre perdió una carrera por acomodarse en medio de una competición con una tortuga. La carrera presidencial en Estados Unidos tiene estos días tintes similares.

Cuando las primarias republicanas dieron a Mitt Romney la victoria, una mayoría demócrata pensó que la carrera a la Casa Blanca estaba ganada. Sólo tenían que mantener el ritmo y no relajarse para la reelección de Obama el 6 de noviembre. Pero en el primer debate presidencial en Denver Obama se relajó y ahora, a marchas forzadas, tiene que trabajar para recuperar lo perdido.

El martes, en el segundo cara a cara con Romney, Obama ofreció una imagen infinitamente más positiva que en el primer debate; y no lo tenía fácil. Demostró que aquel Obama de Denver no era real, y lo hizo sin aparecer falsamente agresivo y sin perder la dignidad presidencial. Un error podía costarle muy caro, y Obama no sólo no cometió errores sino que estuvo contundente y convincente. El problema es que Romney tampoco los cometió, cosa que permite al candidato republicano seguir aprovechando la inercia ascendente que consiguió tras su actuación en el primer debate presidencial.

Quedan aún tres semanas para la meta y muy a pesar de la tradición literaria, la liebre y la tortuga tienen opciones para la victoria. Ayer, Obama y Romney lo demostraron sobradamente.

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