[Publicado el 5 de mayo de 2012 en Diari de Tarragona]
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Washington, DC.- Tras casi cuatro años de presidencia y cuando aún quedan seis meses para las elecciones, Obama está ya en campaña para su reelección. Desde hace días, el Obama-candidato aprovecha la proyección que le da el cargo (y los recursos que esto proporciona) para explicar los éxitos de su gestión. Pero no lo tiene fácil: ni la economía repunta, ni la famosa Reforma Sanitaria —ahora en manos del Tribunal Supremo— parecen buenos argumentos. ¿Qué otro gran éxito le queda para vender? La muerte de Osama Bin Laden.

Fue Obama como Presidente y comander-in-chief quien ordenó finalmente al equipo de Navy Seal entrar en Pakistán y capturar vivo o muerto al cerebro de los atentados del 11-S. Los riesgos fueron muchos porque la información no era del todo precisa y cualquier contrariedad en la operación la hubiera pagado cara. Pero salió bien, y ahora toca explotarlo.

La campaña de Obama 2012 ha producido un vídeo, narrado por Bill Clinton, en el que el ex presidente recuerda la soledad del inquilino de la Casa Blanca ante este tipo de «decisiones difíciles». Obama ha viajado esta semana a Afganistán para suscribir un acuerdo estratégico con el país y, desde allí, se ha dirigido a la nación para recordar la gesta. Y quien fuera asesor de comunicación de Obama en la Casa Blanca, Robert Gibbs, aprovechó el aniversario de la muerte de Bin Laden para atacar al probable rival republicano en las elecciones de noviembre diciendo que no estaba claro si Mitt Romney hubiera tomado la misma decisión (en 2008, Romney calificó de «tontería» una declaración de Obama en la que aseguraba que perseguiría a Bin Laden allí donde se escondiera).

A Romney en particular, y a los republicanos en general, este éxito de Obama les sienta mal, pero lógicamente no pueden evidenciarlo. Lo que sí le han criticado a Obama es el uso partidista que está haciendo de la muerte de Bin Laden. Romney respondió esta semana a las acusaciones de Gibbs diciendo que él hubiera tomado la misma decisión que el Presidente. «Por supuesto», dijo Romney, «Incluso Jimmy Carter habría dado esa orden».

La comparación con Carter —presidente demócrata entre 1977 y 1981— ha reabierto la memoria histórica de un presidente poco agraciado. Sólo estuvo un mandato en la Casa Blanca, y su política exterior se recuerda débil, sobre todo por su incapacidad para resolver la crisis de rehenes de Irán que mantuvo retenidos a varios estadounidenses durante 444 días de su presidencia.

Carter inició su mandato con un índice de aprobación del 66 por ciento, pero éste se redujo al 34% en el momento de dejar el cargo. Le pasaron factura no sólo la crisis con Irán, sino también su incapacidad para resolver los problemas económicos del país.

Salvando las distancias, Obama tiene ahora el mismo reto que Carter, pero sabe que la muerte de Bin Laden —a diferencia del fracaso de Carter en el desenlace de los rehenes— le hace fuerte a ojos de la nación y se quita además el estigma de Presidente-profesor ‘con más materia gris que agallas’.

Si bien es cierto que Carter y Obama afrontaron al final de sus presidencias un difícil escenario económico, también lo es que Mitt Romney no es el convincente e ilusionante Ronald Reagan quien sucedió a Carter en la Casa Blanca.

Tienen razón los republicanos al denunciar el uso que Obama está haciendo de lo que es un éxito colectivo y, sobre todo, un éxito militar. Pero ¿qué hubiera hecho un presidente republicano con este éxito en su haber? Y más aún, ¿qué hizo George W. Bush tras los atentados del 11-S sino erigirse en líder de una nación destrozada moralmente y dar así la vuelta a unas encuestas que tenían su aprobación en retroceso?

Obama hace lo esperable intentando capitalizar su éxito, pero el exceso le puede pasar factura porque la euforia pasará y vivir de la muerte de Ossama Bin Laden hasta noviembre sólo recuerda una cosa:  ¿no tiene Obama nada más que vender? Eso parece.

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2 comentarios en “La muerte de Bin Laden y Jimmy Carter

  1. Creo que aquí ha patinado Obama. Nunca debería haber usado el asesinato de Bin Laden con fines políticas. Es como ganar una Copa de Europa y fanfarronear sobre ello. Un auténtico campeón no hace eso. Me apuesto lo que quieras que ya no hace anuncios de este tipo. Abrazo.

  2. Triste baza la que consiste en celebrar la muerte violenta de un ser humano, aunque sea un criminal de guerra. Hasta los nazis tuvieron su Nuremberg. Claro que los nazis eran “occidentales”. Es decir, blancos y “cristianos”..

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