Washington, DC. – Es un lujo que medios como La Vanguardia conserven en su plantilla a periodistas volantes (sic) que deambulan por el mundo acudiendo allí donde se gesta la noticia o desde dónde pueden explicar los porqués de lo que acontece en otras partes. Andy Robinson, a quien saludé brevemente en un fugaz encuentro en Washington DC hace más de un año, es uno de ellos. Sus crónicas tiene ese aire de periodista auténtico que huye de las redacciones y los teletipos para ver con sus propios ojos lo qué pasa, y luego explicarlo.

En medio de la polémica sobre la ubicación de EuroVegas en España, el complejo de ocio (¡que eufemismo!) que el magnate norteamericano Sheldon Adelson ofrece para que se disputen Madrid o Barcelona, llega a mis manos la última crónica de Robinson desde Las Vegas, Eurovegas, desde el Mob Museum. Su escrito, desenfadado, ofrece un preocupante dibujo de lo que EuroVegas traería consigo allí donde se acabe ubicando finalmente. Si no quieren leer todo el artículo de Robinson, aquí les destaco algunas cargas de profundidad que con inteligencia este periodista volante nos trae al debate.

  • «Resulta sorprendente que, en el gran concurso español por captar la inversión de Las Vegas Sands en una mega urbanización de hoteles y casinos, no se pida nada a Sheldon Adelson a cambio de dar luz verde a la nueva ciudad del juego, EuroVegas. Más bien parece ser que los gobiernos de Madrid y Barcelona quieren sobornar a Las Vegas Sands, una curiosa inversión de papeles. Si Las Vegas exigió respeto por los derechos sindicales y los salarios decentes, la comunidad de Madrid se ha mostrado dispuesta a reinterpretar las vigentes leyes laborales españolas para complacer a Adelson y captar la inversión de Las Vegas Sands.»
  • «En otros tiempos las multinacionales del juego compitieron por entrar en una ciudad recelosa como Manchester, ofreciendo todo tipo de ayuda tributaria a la ciudad, antes de que el gobierno laborista de Gordon Brown finalmente prohibiera a los mega casinos por su impacto degradante sobre el tejido social. Brown contaba con la oposición de gran parte de la iglesia anglicana en su oposición a la expansión de los mega casinos, reivindicando la tradición cristiana de luchar contra la dudosa ética del turismo del juego. Ahora, el juego ha cambiado y Barcelona y Madrid se pelean por ofrecer más al inversor que las convierta en la nueva Sin City europea (ciudad del pecado) sin que la iglesia española —al menos que sepa yo— diga ni pio.»
  • «Que Miami y Las Vegas exigen más a los casinos que Madrid y, quizás, incluso Barcelona, es la medida de la desesperación de las dos ciudades españolas en esta crisis. Porque, que nadie se engañe. Las Vegas, pese a su imagen maquillada, es la prueba viviente de que las ciudades casino son capitales de tensiones sociales, delincuencia, suicidio, prostitución, adicción, violencia, indigencia, homicidio, y enfermedades mentales. Las Vegas es la ciudad estadounidense en la que más gente se quita la vida; más gente joven se engancha a las drogas (y al alcohol), más gente se divorcia, y más jóvenes abandonan los estudios sin ir a la universidad.»

Como ya dije en un Twitt hace unos días, no creo que este panorama sea el más deseado para una ciudad, sea Madrid o Barcelona.

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