[Publicado el 8 de febrero de 2012 en Diari de Tarragona]
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Washington, DC.- Recientemente el New York Times nos ha recordado que en el siglo XXI la esclavitud es aún una realidad. A través de la publicación de dos impactantes reportajes (How the U.S. Lost Out on iPhone Work y In China, Human Costs Are Built Into an iPad) el prestigioso rotativo neoyorquino ha revelado las durísimas condiciones a las que se enfrentan cada día cientos de trabajadores de la compañía china Foxconn en su planta de la ciudad de Shenzhen. Foxconn es la empresa subcontratada por Apple para producir sus productos: iphone, ipad y otros.

Los reportajes (publicados después por El País en español) denuncian largas jornadas de trabajo que exceden las 15 horas en condiciones no siempre aptas para la salud, semanas laborables de hasta 7 días, empleo de menores o el hacinamiento en habitaciones para dormir el resto de horas del día en las que no se trabaja.

Sea o no coincidencia que estos reportajes se hayan publicado tras la muerte de Steve Jobs, fundador de Apple y conocido por su poco respeto a la prensa crítica con su compañía, lo cierto es que son una evidencia del modo de vida en el que nos hemos instalado en el conocido como mundo desarrollado. El voraz consumo de tecnología y la demanda constante de innovación servida de inmediato están llevando a las empresas al límite en sus procesos de producción; y la demanda es tan fuerte y la competencia tan aguerrida que, como en este caso, se están cruzando fronteras que suponen una involución a siglos pretéritos, cuando para sobrevivir, los terratenientes o mercaderes tenían que recurrir a la esclavitud para ser competitivos. Lo que hoy hace Apple no es sino una forma moderna de ese trasnochado modelo social construido sobre el olvido de los derechos humanos más elementales.

Es cierto que Apple no es la única compañía que mira hacia otra parte (o miraba hasta la denuncia del Times) cuando produce en mercados donde los derechos laborales brillan por su ausencia. Hay otras muchas empresas que sobreviven con ese mismo modelo productivo, pero seguramente la compañía de la manzana es el máximo exponente de este éxito desvirtuado que hoy sabemos que encuentra parte de su razón en los excesos cometidos en países con bajos o nulos estándares de respeto a los derechos de los trabajadores. Que nadie se extrañe, pues, de que Apple sea ahora cabeza de turco contra esa forma moderna de esclavitud.

Pero más allá del nombre propio, la denuncia del New York Times es una buena invitación para reflexionar sobre el modelo en el que estamos instalados, donde comprar y desechar por obsoleto forma parte de una moda irracional de final incierto.

Hay quienes en Estados Unidos ha empezado a promover el boicot contra Apple. No creo que sea esta la mejor manera de solucionar un problema que sobrepasa a esta compañía y en el que nosotros, con nuestras decisiones de compra, contribuimos directamente a perpetuar. Dejar de comprar Apple para comprar Samsung o Nokia no es la solución. Es necesaria una reflexión más profunda que inevitablemente ha de comportar cambios incómodos en nuestra forma de consumir y de vivir.

La adicción a lo último tiene consecuencias y conocerlas hoy con más detalle es una buena oportunidad para esa reflexión. Pequeñas decisiones individuales siempre han generado grandes cambios en la historia.

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3 comentarios en “Apple y la esclavitud en el siglo XXI

  1. Muy bien por denunciar este tipo de casos en los algunos se enriquecen mucho esclavizando al resto.

  2. Muy buen artículo, y muy buena la reflexión al respecto. Sin embargo, creo que no es del todo justo centrar la crítica en empresas como Apple. Deberíamos mirar también a los gobernantes de países como, en este caso China, que en su afán de crecer económicamente, permiten este tipo de prácticas laborales abusivas que mucho se alejan de los derechos humanos fundamentales.
    Apple es sólo un ejemplo de empresa que opta por externalizar la producción en otros países donde, como bien declara un directivo de Apple en el artículo de NY Times, son más “flexibles” con los derechos laborales y les permite así poder responder a la creciente demanda del mercado global.
    Con lo que han luchado nuestros ancentros para que se respetaran los derechos fundamentales del trabajador, es lamentable que ahora nosotros no procuremos predicar el mismo mensaje en otros países.

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