En el show de David Letterman

Ciudad de Nueva York, NY. – Como muchas otras cosas, la televisión la inventaron los estadounidenses, y con ella, muchos de los formatos que hoy conocemos. No digo que David Letterman haya inventado el late-night talk show (programa de entretenimiento de entrevistas de noche) pero su Late Show es uno de los más veteranos en la historia de la televisión. Letterman debutó en 1982 y desde entonces su programa ha estado en el aire — sólo quien es considerado mentor de Letterman, Johnny Carson, lleva más tiempo.

El Late Show with David Letterman se grava en el famoso The Soullivan Theater de la ciudad de Nueva York, en la avenida Broadway con la calle 53. Letterman puede grabar varios programas en una tarde que después son emitidos en horario nocturno en la cadena CBS. Este lunes 3 de enero gravó como mínimo dos y pude asistir al segundo (que se emitirá el viernes 7 de enero).

Todo el montaje del programa es una farsa que utiliza al público para conseguir el efecto de emoción, aplausos y gritos que durante el rodaje anima la sesión. Ya las mismas entradas te las adjudican como si fueras un privilegiado. Hay que solicitarlas a través de la web y en una llamada telefónica te formulan una pregunta que, en caso de acertarla, te garantiza el acceso. Yo he visto varias veces el programa, pero nunca entero, y la pregunta fue tan fácil que simplemente con una promoción del espacio la hubiera acertado. “¿Qué instrumento toca el director de la banda de música?”.La cita para recoger las entradas es dos horas antes, y tuve que presentar un documento identificador con fotografía. También mi acompañante, quien no pudo delegar la recogida del pase. A las afueras del teatro hay montado un sistema de filas al más puro estilo aduanero. Ahí, mientras esperas (a -2 grados Celsius el lunes) comienza la burda manipulación de la audiencia. “¿Cómo están ustedeeeeees?”, preguntó insistente una desinhibida joven que no contenta con un “Bieeeen”, repreguntó hasta diez veces cuestiones inocuas cuyo único objetivo era crear ambiente. Reconozco que a los estadounidenses este tipo de actuaciones interactivas les encantan, se implican y se sienten cómodos. A mi no; me parecen ridículas. 

Dentro del teatro, ya todos sentados, la misión continua. Otro showman aprovecha las instrucciones de seguridad para insistir en preguntas vacías que sólo persiguen los gritos del público, sus carcajadas (pocas) y algunos aplausos. Todo está exagerado, hasta las risas que, a decir verdad, no están enlatadas. Letterman aparece un par de minutos antes de comenzar la grabación para conversar con el público brevemente y agradecerle su asistencia. Hace un par de chistes malos y comienza el espectáculo.

La banda de música mantiene la tensión a ritmo de blues demasiado marcado, a mi gusto, por la batería, pero su ritmo arranca (en las pausas) los aplausos al unísono de la platea. La entrevista, con Regis Philbin (un comediante), es divertida pero sin demasiado contenido. Le sigue un monólogo de Hannibal Buress, un joven humorista en promoción. Y finalmente, una canción de No Age, dos jóvenes que están presentado su último disco, “Everything in Between”, con quienes Letterman sólo estrecha la mano y media una despedida simpática.En general, David Letterman me parece que recurre demasiado a la publicidad encubierta (de una marca de helados que compartió con Philbin, de los CD del comediante y los músicos a quienes no entrevistó, y de otras marcas comerciales con las que ironizó durante sus monólogos o entrevista). Eso sí, imitó ridículamente a su principal competidor, Jane Leno, con quien rivaliza en la franja de emisión — las alusiones a rivales suelen generar audiencia, más si consiguen respuesta del contrincante. 

Creo que tras casi treinta años de formato, Letterman necesita reinventarse. En cualquier caso, la experiencia de asistir a la grabación de uno de sus shows, aunque un poco decepcionante, creo que vale la pena y la recomiendo.

Foto: gossip.whyfame.com
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Un comentario en “En el show de David Letterman

  1. >Una curiosidad sobre el tema del público que aprendí cuando fui a ver a Jon Stewart (también en NYC, y también muy recomendable). La idea de tener gente en el plató no es tanto mejorar las risas enlatadas, sino comprobar si los chistes funcionan. A veces, como el programa no es en directo, si ven que algo no va bien, los guionistas reescriben el texto sobre la marcha y vuelven a grabar.

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