El lobby del petróleo también es responsable

>Washington, DC.- Cuando Obama hizo de la lucha contra los lobbies una de sus principales banderas en la carrera electoral, la mayoría de la gente no podía imaginar que más allá de acabar con la arbitrariedad en la adjudicación de contratos o el enriquecimiento injusto de algunos, el candidato quería acabar con las consecuencias reales de ese tráfico de influencias. El vertido de petróleo que estas semanas mancha de negro el futuro del Golfo de México es un ejemplo.

La agencia encargada de supervisar las exploraciones de petróleo y gas del Gobierno Federal es el Servicio de Gestión de Minerales (MMS en sus siglas en inglés). Su máxima responsable, Elizabeth Birnbaum, dimitió esta semana tras conocerse un informe que revelaba que los inspectores de la agencia recibían regalos del sector, un ejemplo de la “corrupción” —en palabras de Obama— que durante años ha reinado en esa casa. Esta noticia coincide con lo revelado este fin de semana por el periódico The New York Times. Al parecer, la petrolera responsable, British Petroleum, contaba con indicios de problemas técnicos en el agujero de perforación desde junio del año pasado.

Según los expertos, el único sistema probado para atajar un desastre como el actual es el de la construcción de un pozo de alivio, pero la compañía británica ni lo tenía ni nadie se lo exigió, y construirlo ahora va a retrasar el final de la fuga como mínimo hasta el final del verano. Otras regulaciones internacionales como la canadiense lo exigen, pero en Estados Unidos la fuerza del lobby del sector ha conseguido demasiadas veces relajar las normas de seguridad hasta el punto que se ha avanzado en la tecnología de la exploración pero la seguridad sigue aún los parámetros de hace décadas.

El compadreo del lobby del petróleo con los gobiernos de George W. Bush es hoy más clamoroso que nunca, y su responsabilidad estoy seguro que no tardará en aflorar. Pero más preocupante aún que ese pasado es el frívolo presente del “Drill baby, drill” (“perfora baby, perfora”) exhibido por algunos republicanos, como la que fue candidata a vicepresidenta, Sara Palin. Esta influyente voz conservadora todavía recurre hoy en sus alocuciones a esa máxima para presionar sin vergüenza al gobierno y permitir nuevas exploraciones en las costas norteamericanas.

Obama ha mantenido la actual moratoria y la suspensión de la emisión de nuevos permisos para perforar en aguas profundas durante seis meses más, lo que afecta a exploraciones o concesiones del Golfo de México, las costas de Alaska y Virginia. Pero aun habiendo tomado estas medidas, ha tenido que reconocer “un sentido de autocomplacencia” por parte del Gobierno a la hora de planificar la respuesta en el caso de que se materializase el peor escenario posible, un escenario que parece hoy más real que nunca. Los cálculos de los científicos hablan de un vertido de entre 15.000 y casi 20.000 barriles diarios, lo que lo convertirá en el peor desastre ecológico de la historia de Estados Unidos. Haría bien Obama de recordar a los norteamericanos que este desastre es un ejemplo de lo que el lobby puede provocar.

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