>Destino Estados Unidos: bienvenido a bordo – Spanish

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Washington, DC.- El intento de atentado de Umar Farouk Abdulmutallab, el joven nigeriano que llevaba en sus calzoncillos un potente explosivo conocido como PETN en un vuelo de KLM de Amsterdam a Detroit, nos vuelve a condenar a todos los que viajamos en avión. El de Umar Farouk es el cuarto intento conocido de al-Qaeda de hacer explotar un avión con destino a EE.UU. En 1995 la policía evito la tragedia gracias de la “Operación Bokinka”, en 2001 el británico Richard Reid no consiguió derribar un avión con 197 personas a bordo con explosivos escondidos en sus zapatos, y en el 2006 la policía británica hizo fracasar un plan para atacar vuelos transatlánticos con líquidos explosivos camuflados como refrescos. Todos estos intentos han ido incrementando los controles y requisitos para viajar (por seguridad, claro está) pero que al fin y al cabo suponen más complicaciones y molestias para los pasajeros. Este miércoles lo he comprobado personalmente en mi vuelo de regreso de Ámsterdam precisamente, a Washington.

No hacía ni cinco minutos que pisaba la terminal de vuelos comunitarios del aeropuerto de Schiphol camino de mi conexión cuando la megafonía llamaba a un ciudadano egipcio, Mohamed, para que se identificara en un mostrador. Tras dejar la zona Schengen y presentar mi pasaporte (ya lo había hecho una vez en el mostrador de la aerolínea en Barcelona y una segunda a los agentes de seguridad antes de embarcar), me adentré en la terminal de vuelos internacionales. Mi avión con destino a Estados Unidos requería también de la presentación de pasaporte en la misma puerta de embarque. Mientras el agente lo estudiaba, me fijé en la pantalla del ordenador del control que estaban esperando a Ahmed, un ciudadano turco que no tenían identificado aún. Pasado el control, mi maleta de mano fue escaneada de nuevo, tras lo cual otros agentes me pidieron abrirla e inspeccionarla (no era una elección aleatoria, como en otras ocasiones; esta vez todas eran abiertas); antes, fui esculcado profusamente hasta mis partes más íntimas por otro oficial (sólo recuerdo este nivel de registro en un control antidroga en la única visita que hice a Ibiza hace unos años). Ahí parecía que ya estaba todo hecho, pero entonces aún una última vez tuve que identificarme con mi billete y pasaporte ante una azafata de KLM antes de entrar en el vuelo.

Este nivel de control era aún más estricto con ciudadanos no comunitarios, quienes eran largamente preguntados por los motivos de su viaje y su procedencia, así como en el nivel de registro de sus maletas de mano o en los registros corporales a los que todos éramos sometidos.

Una azafata me contó que también las tripulaciones habían notado mucho el nivel de seguridad. Pregunté a otra, ya dentro del avión, si tal como Obama había anunciado el día antes, había un agente armado viajando con nosotros. “No lo sé—me dijo sonriente—, si lo hay, está de incógnito”.

Aterrizado ya en Washington, mi nivel de ansiedad disminuyó. Agradecí la seguridad y aproveché los últimos minutos hasta la puerta de desembarque para volver a preguntar a la azafata. “Tras incidentes como el del vuelo de Detroit, ¿se siente más insegura?”. “No—me respondió tranquila—, si tiene que tocarme, me tocará; y si pasa… pues tampoco lo contaré”.

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2 comentarios en “>Destino Estados Unidos: bienvenido a bordo – Spanish

  1. >Gus, magnífico post. El tema del pasaporte y el billete deben preocuparnos a todos. Están en juego nuestras libertades. Las comas muy bien. Buen trabajo. Anónimo, magnífico comentario: has ahorrado una E. Bravo!.

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